Por Guillermo Pallares Rodríguez, Oficina de Extensión y Relaciones Interinstitucionales.

La primera edición de esta fascinante novela histórica se publicó en 1949 y desde entonces ha habido un sinnúmero de ediciones por todo el globo.

El reino de este mundo es una de las obras más importantes del escritor cubano Alejo Carpentier.  La historia se inicia algunos años antes de la revolución francesa y termina unos después de 1820. La novela abarca un período de setenta años aproximadamente, durante los cuales se narra un conjunto de hechos históricos sobre Haití, específicamente los acontecidos durante la segunda mitad del siglo XVIII y el principio del XIX.

La obra gira en torno al tema de la esclavitud de los negros traídos desde el continente africano a las colonias españolas y francesas en América, con el propósito de servir como mano de obra en el proceso productivo y extractivo de la época colonial. Si bien en la trama literaria se encuentran presentes otros temas como la guerra, lo religioso, lo imaginario o mágico, todos ellos gravitan sobre la dominación e invisibilización de los pueblos africanos esclavizados por los blancos europeos. Este texto nos muestra la lucha por la libertad y lo difícil que puede llegar a ser poner fin a prácticas de sometimiento de unos pueblos sobre otros; el autor muestra que la dificultad no se encuentra en derrotar las fuerzas concretas que nos dominan (para este caso, serían las fuerzas armadas de los imperios coloniales), sino en derrocar las prácticas y modelos sociales de una figura degradante como la esclavitud.

Este escrito intenta mostrar algunas características del modelo esclavista colonial europeo y la lucha por la libertad de los pueblos negros en Haití, además del papel fundamental que jugó para el desarrollo de estos procesos la Revolución Francesa y el conjunto de derechos que de ella emanaron.  En el intento de exponer lo lento o arduo que fue concretar el fin de la esclavitud en América, se hace brevemente referencia al caso de la Nueva Granada y cómo la oposición de las elites europeas y criollas hizo del ejercicio emancipador una clara disputa de intereses.

Este texto se guía en la siguiente idea: Aunque la independencia de Haití inició el camino hacia una emancipación de las colonias españolas y francesas en el continente americano, modos de dominación como la esclavitud persistieron en las nacientes repúblicas, esto debido a que las élites criollas no dejaron de lado modelos sociales que excluían tanto a negros como indígenas, al igual que sistemas de producción basados en la explotación de la mano de obra de la población negra.

La sociedad haitiana para la época previa a la independencia tenía ciertas particularidades que la hacían única y la convirtieron en el ejemplo americano de lucha contra la esclavitud y libertad de los pueblos traídos desde África[1]. En ese momento la pirámide social de Saint Domingue estaba dominada por los grands blancs, eran los blancos, propietarios de las grandes plantaciones de azúcar y otros productos agrícolas (alrededor de 5.000-8.000). Luego estaban los petits blancs; blancos pobres que no poseían tierras y se dedicaban a labores comerciales o artesanales, también se encontraban militares (alrededor de 35.000); después se encontraban los mulatos o affranchis, hijos de terratenientes blancos con esclavas negras o mulatos libertos, llegaron a tener mayor poder económico y social que los blancos pobres y se calcula que su número era de aproximadamente unos 28.000; finalmente en la base de la pirámide social estaban los negros esclavos, que eran relegados a trabajar en las plantaciones agrícolas y no gozaban de ningún reconocimiento social, político o económico, eran el 80% de la población con más de 350.000 personas (Bel, 2011).

Esta división social de clases y razas es claramente expuesta por Carpentier. La clase alta (blancos) estaba representada por personajes como Lenormand de Mezy, Monsieur Blanchelande, Paulina Bonaparte y general Leclerc; la clase media (mulatos y negros libertos) que ascienden al poder era encarnada por Henri Christophe y los Mulatos del sur; mientras que la clase baja la integraban personajes como Mackandal, Bouckman, Ti Noel y los demás esclavos. Las relaciones que se desarrollan entre los personajes están marcadas por esta estratificación social y unos y otros juegan papeles distintos dentro de la sociedad esclavista de ese momento. Si bien el caso expuesto por el autor es único, la situación de los esclavos en las demás colonias no se diferenciaba mucho de la vivida por los negros en Haití, por ejemplo, para el caso colombiano esta población estaba confinada a trabajos en las minas y plantaciones en provincias como Antioquia, Popayán, Chocó, Cali, entre otras; y su libertad no fue algo real sino hasta la creación de la ley del 21 de mayo de 1851 (Jaramillo, 1969).

Esta pintura de Víctor Patricio de Landaluce: Corte de Caña, 1874, no aparece en el libro de Carpentier pero ilustra muy bien la vida en la época que se describe en el libro. Es un óleo sobre lienzo (51×61 cm) y se encuentra en el Museo Nacional. Palacio de Bellas Artes. La Habana, Cuba.

El proceso revolucionario francés de 1789 causó un fuerte impacto sobre la sociedad racista y esclavista de la colonia, en principio la igualdad entre los hombres proclamada por la revolución no sólo no se aplicó a los esclavos, tampoco a los mulatos ni a los negros libertos. Sin embargo, en la base de la sociedad se venían acumulando tensiones debido a que los dominados estaban siendo permeados por las ideas de igualdad, libertad e independencia, que eran expuestas por grupos como la Sociedad de Amigos de los Negros. Carpentier expone este suceso claramente “aunque el trueno apagara frases enteras, Ti Noel creyó comprender que algo había ocurrido en Francia, y que unos señores muy influyentes habían declarado que debía darse la libertad a los negros, pero que los ricos propietarios del Cabo, que eran todos unos hideputas monárquicos, se negaban a obedecer” (Carpentier, 1983, p. 69).

Las ideas francesas también impactaron las sociedades esclavistas del resto de América (salvo los Estados Unidos), que después de los procesos independentistas entran en el debate de poner fin a la esclavitud. Para el caso de la Nueva Granada las discusiones tuvieron una gran carga política, económica e ideológica pues no se consideraba como algo lógico que la República y los pueblos que lucharon por la independencia y la libertad, mantuvieran la esclavitud para una parte de la sociedad. Los Derechos del Hombre (las mujeres aún no se consideraban sujetos de derecho), fueron empleados como argumento para dar libertad a los negros; al respecto: “Cuando por todas partes se proclaman los eternos derechos del hombre y apenas se escucha la débil voz de los esclavos condenaos a la ignominia y a los ultrajes de las más bárbara desidia, ¿podrá un gobierno fundado en la justicia dejar de interesarse por sus hermanos, cuya servidumbre continuada es acaso el poderoso obstáculo que nos impide hacer progresos en nuestra regeneración y lo que irrita la justicia del todo poderoso para no extender sobre nosotros los efectos de su beneficencia protectora?” (Jaramillo, 1969, p. 76).

Pero el camino hacia la libertad de los esclavos no fue tan sencillo. El mecanismo empleado con el fin de alcanzar el disfrute de unos derechos que se suponían para todos pero que en realidad las élites sólo pensaban en otorgarse entre ellas, fue violento; así la fuerza y la guerra se utilizaron en Haití -como en el resto de las colonias-. Para las bases sociales subalternas, la guerra fue el único medio del que disponían los oprimidos para terminar con una sociedad injusta en la que no tenían ninguna posibilidad de ser libres. Las primeras acciones revolucionarias se dan durante el periodo de 1791- 1798 con las luchas anticoloniales que lleva acabo el caudillo Toussaint Louverture (negro), contra ingleses, españoles y franceses, la respuesta por parte del gobierno napoleónico fue la represión que conlleva a la muerte del líder insurrecto. Sin embargo, esta respuesta no amilanó las ansias de libertad, durante los años 1802 y 1803 el ejército de esclavos continúa su guerra revolucionaria, y en 1803 con la victoria en la Batalla de Vertières llevan a la definitiva rendición de los franceses, para ya en 1804 convertirse en la primera colonia que alcanza su independencia (después de los Estados Unidos) y además ser la primera república negra del mundo.

El deseo de libertad es claramente expuesto por el autor y personajes como Mackandal y Bouckman encarnan la figura de la lucha revolucionaria de los esclavos haitianos, “el manco Mackandal, hecho un houngán del rito Radá, investido de poderes extraordinarios (…) Dotado de suprema autoridad por los Mandatarios de la otra orilla, había proclamado la cruzada del exterminio, elegido, como lo estaba, para acabar con los blancos y crear un gran imperio de negros libres en Santo Domingo. Millares de esclavos le eran adictos…” (Carpentier, 1983, p. 31). En la misma dirección durante un discurso Bouckman decía: “El Dios de los blancos ordena el crimen. Nuestros dioses nos piden venganza. Ellos conducirán nuestros brazos y nos darán la asistencia. ¡Rompan la imagen del Dios de los blancos, que tiene sed de nuestras lágrimas; escuchemos en nosotros mismos la llamada de la libertad!” (Carpentier, 1983, p. 56). Estas citas nos muestran que la liberación no solo era política, también tenía una raíces culturales y religiosas en la medida que se buscaba poner fin a todo tipo de dominación existente.

¿Te has preguntado alguna vez de qué manera perpetuamos la desigualdad propia de la esclavitud, en nuestras maneras actuales de vivir? No olvidar que la realidad solo se puede cambiar en el reino de este mundo.

Con el triunfo de los esclavos en Haití y los distintos procesos revolucionarios que se estaban dando en las colonias latinoamericanas, la institución de la esclavitud vive un proceso de decadencia. Sin embargo, esto no quiere decir que su fin estuviera cerca o que todas las capas de la sociedad vieran con buenos ojos la libertad de la población negra; aún en la sociedad cuna de la lucha contra la esclavitud su fin no fue inmediato, nuevos gobernantes recurrieron a prácticas propias de tiempos de la colonia con el fin de mantener modelos productivos o llevar a cabo obras que no estaban destinadas al disfrute de la mayoría de la población. En la novela se muestra este periodo donde antiguos esclavos ahora convertidos en monarcas, someten a sus iguales al tiempo que pretenden instaurar una clase noble al mejor estilo napoleónico, “Ti Noel supo, por un fugitivo, que las tareas agrícolas se habían vuelto obligatorias y que el látigo estaba ahora en manos de Mulatos Republicanos, nuevos amos de la Llanura del Norte…” (Carpentier, 1983, p.  129).

En el caso de la Nueva Granada la discusión sobre el fin de la esclavitud luego de la independencia es álgida y la presencia de intereses económicos de las élites criollas pone en duda la viabilidad de la libertad para los esclavos. La oposición pretendía justificar su rechazo por ejemplo a la ley de manumisión (libertad a los esclavos) en  razones de tipo social, religiosas, jurídicas, económicas y sociales,  pero los ideales de la Revolución Francesa habían calado demasiado hondo en el espíritu de una sociedad con visos de liberalidad, de este modo “Aceptada la irracionalidad de la institución y su inconveniencia social y política, quedaba reducido el problema a una contienda jurídica sobre el derecho de los propietarios a exigir una indemnización al decretar el Estado la libertad completa y definitiva de los esclavos” (Jaramillo, 1969, p. 84).  Los opositores al fin de la esclavitud encontraron en la ley una herramienta para torpedear el proceso y eso gracias a que el gobierno republicano si bien quería poner fin a esa práctica colonial, también creían que esa decisión podría comprometer la tranquilidad de la nación al vulnerar unos supuestos derechos que tenían las élites sobre los esclavos, esto queda evidenciado con la siguiente cita: “defender la esclavitud o atacar directamente la manumisión era prácticamente imposible en aquellos momentos. Aun los políticos menos progresistas y los propietarios de esclavos protestaban sus ideales abolicionistas, pero expresaban sus reservas sobre procedimientos y oportunidad, y en todo caso defendían el derecho los propietarios sobre sus esclavos con base en el derecho de propiedad establecido en la Constitución y las leyes” (Jaramillo, 1969, p. 78).

La obra literaria El reino de este mundo cobra importancia en la medida en que muestra claramente la lucha por la libertad de los pueblos esclavizados, su mezcla de realidad y ficción nos llevan a conocer la vida en la sociedad esclavista haitiana de los siglos XVIII y XIX, y también nos muestra que la disputa por alcanzar una serie de derechos no termina con los procesos revolucionarios contra las potencias e imperios que someten a otros pueblos.

La esclavitud es una muestra clara de ello, dado que sus prácticas y modos de organizar la vida en sociedad no desaparecieron con las victorias independentistas, por el contrario, el fin de estas ha requerido de luchas constantes, que pretenden desembocar en la transformación real de nuestras sociedades. Hoy persisten comportamientos racistas y violatorios de los derechos humanos de minorías; sean negros, indígenas, mujeres y comunidades LGTBIQ. La coyuntura en Haití hoy no dista mucho de cómo era dos siglos atrás, el país se haya sumido en un ambiente de desigualdad, pobreza, violencia, corrupción e inestabilidad política; convirtiendo al ejemplo de la lucha contra la esclavitud, en el Estado más desigual de América. Es ante este panorama en el que no se modifican las estructuras que reafirman privilegios y crean exclusión, sino que simplemente mutan y se adaptan a los contextos de la actualidad, donde encontramos la clave del mensaje de Carpentier: no busquemos la felicidad en otros reinos espirituales o mágicos, la búsqueda y la construcción de un mundo que nos permita vivir felices debe darse en ¡el reino de este mundo!

 

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Nota:

Al finalizar la guerra de los nueve años entre Francia y la liga de Augsburgo, la parte occidental de la isla Hispaniola fue cedida al imperio francés, a través del tratado de Rijswik (1697).  Después de esto en la nueva colonia se desarrolla un sistema de plantación que convirtió a Haití en el territorio francés más productivo de ultramar -llegó a representar dos tercios del comercio-.  Sin embargo, este periodo de esplendor se apalancó en la destrucción de la población indígena de la isla, “los indios Arawak, moradores originales de ella, fueron explotados y exterminados. Lo que implicó que entre 1680 y 1776, alrededor de 800.000 esclavos africanos fueron importados a la colonia de Santo Domingo, de los cuales sólo 290.000 habían sobrevivido al final de este periodo” (Bilbao, 2009).

 

Bibliografía

  • Bel, Rolando. (2011). Los jacobinos negros. El proceso de independencia haitiana (1789-1820). Anuario del Centro de Estudios Históricos “Prof. Carlos S. A. Segreti”. n° 10, 2010, pp. 53-72.
  • Jaramillo Uribe, Jaime. (1969). La controversia jurídica y filosófica librada en la Nueva Granada en torno a la liberación de los esclavos y la importancia económica – social de la esclavitud en el siglo XIX. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá.

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