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Por Katherine Londoño Posada

El pasado 7 de octubre representantes de diversas iglesias: Menonita, Presbiteriana, Yeshua, Salem, Anglicana, Metodista, Pentecostales entre otras organizaciones de fe expresaron a la Comisión de la Verdad sus vivencias, desafíos y afectaciones en el marco del conflicto armado en Colombia a través de un dialogo colectivo de permanente escucha y retroalimentación, enfocado a la no repetición. El encuentro se realizó con el apoyo de Dipaz (Diálogo Intereclesial por la Paz) en las instalaciones de Unireformada con la presencia de pastoras, pastores y coordinadores de la Comisión de la Verdad.  

El evento inició a las ocho de la mañana con la bienvenida de Milton Mejía, pastor de la Iglesia Presbiteriana, Vicerrector de la oficina de Extensión de la Corporación Universitaria Reformada y coordinador de la Comisión de Incidencia de Dipaz y con palabras de Antonio Madarriaga, asesor de Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, quien explicó que el conflicto armado de Colombia ha sido el más estudiado en toda Latinoamérica, con muchos documentos que lo respaldan, pero que aún hace falta investigar con mayor rigurosidad las afectaciones al ejercicio de las iglesias y otras expresiones religiosas. 

La comisión dirigió dos preguntas centrales para generar un espacio de plenaria reflexivo basado en los conocimientos, trayectorias, historias de vida y/o experiencias de los asistentes en torno a ¿Cuáles han sido los impactos o afectaciones generadas por el conflicto armado hacia la comunidad eclesiástica? ¿Qué acciones, recomendaciones o garantías de no repetición se necesitan para evitar la continuidad del conflicto armado y las afectaciones hacia la comunidad eclesiástica?   

En el marco de estas dos preguntas los y las participantes expresaron el poco reconocimiento que el estado colombiano le ha dado a las iglesias como constructoras de paz, quienes desde su labor han ayudo a mitigar las altas estadísticas en la drogadicción y embarazos a temprana edad; los jóvenes pertenecientes a las iglesias tienen menor probabilidades en pertenecer a grupos armados o bandas delincuenciales, la falta de respaldo del estado a las iglesias con su parmente  ayuda humanitaria a las personas víctimas de desplazamiento forzado. 

En las épocas más fuertes del conflicto quienes hacían el ejercicio de predicar la palabra se les prohibía hablar de ciertos temas y los grupos armados asistían a sus sermones en forma de intimidación, tenían que hablar con voz moderada y se les decía que no podían mencionar u opinar de los hechos de violencia que acontecían en los territorios,  se les obligaba en algunos casos cuidar terrenos con siembra de cultivos ilícitos y se les prohibía llegar a diferentes territorios o comunidades, también sufrieron de permanentes amenazas, extorciones y algunos pastores y pastores fueron asesinados, otros exiliados afectando  su trabajo pastoral en sus iglesias.  

Representantes de las Iglesias que participaron en el dialogo manifestaron que en Colombia aún persiste la idea que hay una solo iglesia y algunos lideres pretenden tener la vocería de todos los cristianos cuando la realidad es que la diversidad religiosa es amplia. Por esta razón es necesario que para romper con la estigmatización y hacer posible la no repetición el Estado Colombiano debe dar garantías de igualdad de derechos a todas las iglesias y religiones que hay en el país. Además, quienes participaron del dialogo manifestaron el compromiso de contribuir con la no repetición fortaleciendo el dialogo entre las diversas iglesias, religiones y sectores sociales en Colombia, no pretender tener la vocería de todas las personas que son cristianas, seguir educando en el respeto a la dignidad humana, los derechos humanos y contribuir con la transformación social por medio de la no violencia. Para profundizar en estos compromisos se propuso seguir teniendo estos diálogos por la no repetición con el acompañamiento de la Comisión de la Verdad.     

Este dialogo de iglesias con la Comisión de la Verdad estará visibilizado en el gran informe que la Comisión debe entregarle al País. Este informe final es el resultado de 3 años de trabajo de la Comisión, recolectando información a 12 mil testimonios en Colombia y a otros colombianos en el exilio; es el reconocimiento a la dignidad de las víctimas, el papel de los responsables, la articulación de iniciativas de convivencia en los territorios, la no repetición con actores y sectores, recomendaciones y conclusiones para construir un país en convivencia con justicia. 

La Corporación Universitaria Reformada como Institución de Educación Superior con énfasis en la construcción de paz y miembro de Dipaz y diferentes organizaciones a nivel nacional e internacional dejó las puertas abiertas a la Comisión de la Verdad para que en conjunto se puedan seguir generando espacios de dialogo entre todas las iglesias del Caribe y sobre todo que se puedan ir generando rutas de trabajo para la no repetición y la reconciliación en Colombia. 

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