Por: Guillermo Pallares, Coordinador ORII

El segundo Conversatorio Internacional organizado por la Unireformada desde su vicerrectoría de Extensión y Relaciones interinstitucionales junto a la Plataforma de Universidades Protestantes y Evangélicas en América Latina – Qonakuy, contó con la participación de Jim Hodgson, coordinador de la Iglesia Unida de Canadá para América Latina y el Caribe; Rosario Rodríguez, secretaria general de la Universidad Cristiana de Panamá, y Mara Manzoni, directora regional de CREAS. En esta oportunidad las presentaciones de cada panelista nos permitieron escuchar y conocer un poco más acerca de la coyuntura de la pandemia en América del Sur, Central y del norte. Podríamos decir que fue una descripción de retos y posibles salidas a la crisis social y económica producto del Covid19, desde visiones educativas, ecuménicas y de fe.

Tras dos meses desde la declaración de la pandemia las sociedades tanto del norte como del sur se han enfrentado a problemas similares en garantía y acceso a derechos de la salud, empleo, la educación y la vida misma. Sin embargo, las soluciones han sido distintas en cada región del mundo. Este es el foco que nos señala Jim Hudgson desde la experiencia canadiense, caracterizada por un proyecto de neoliberalismo económico y privatización de la salud, que ha conducido a que el 79% del número de muertes por Covid sean personas mayores que viven en hogares geriátricos; una pérdida del 20% de los empleos; y en el campo de las iglesias una crisis de financiamiento.

Lo diverso de las soluciones implica la ausencia de un proyecto conjunto entre los Estados o la comunidad internacional. Esta carencia, según Jim puede encontrar solución en la Solidaridad Global, “que es vista como una estrategia que reúne incidencia política en instituciones públicas, rechazo a sanciones económicas y bloqueos que impiden a pueblos enteros el obtener medicamentos y equipos médicos para hacer frente a la pandemia”; en otras palabras, esta solidaridad propende por el bienestar común de quienes hacen parte de este mundo o “casa común”. Mostrándonos entonces la solidaridad como una vía para vivir de mejor manera en estos tiempos de eventos inesperados, ella puede ser la herramienta para cambiar el orden de inequidad instaurado por generaciones de políticos sumisos -a los intereses de grandes compañías multinacionales como las farmacéuticas- y crear una estructura internacional de salud pública producto de la ruptura del paradigma de la atención médica como un negocio.

En el contexto latinoamericano la crisis ha resaltado mucho más la profunda desigualdad e inequidad en la que vivimos, ante esto, Mara Manzolini también propone la solidaridad como respuesta al crítico momento que atraviesa la humanidad. En esta propuesta el concepto de solidaridad es expuesto como diaconía, ósea como la suma de varios elementos, entre ellos: una base teológica basada en las enseñanzas de Dios; el constante llamado a la acción, pues la solidaridad no es pasiva; la unidad Ecuménica vista como la unión de lo diverso; y una actitud o disposición al acto de compartir.

Además, para Mara Manzolini la diaconía invita a la acción, es un modo de impulsar a los pueblos -que sufren la injusticia- a ser parte central en la construcción de alternativas que integren nuestros quehaceres y lo que somos: “la solidaridad es un llamado a la acción consecuente, responsable y una empatía en favor de las otras personas, de la otra comunidad, de los otros pueblos”. Eso nos conduce hacia la unidad de lo diverso de quienes habitamos la “casa común”, es el testimonio y acción en favor de la justicia, la paz y la creación de sujetos distintos a quienes se acostumbran al paternalismo y asistencialismo.

La descripción del contexto americano cierra con lo expuesto por Rosario Rodríguez respecto al caso panameño donde la desigualdad ha quedado más expuesta a la vista de toda la población. La expositora lo muestra en su relato de la crisis del sistema educativo tanto en las escuelas como universidades. Las medidas de cuarentena y el asilamiento condujó a estudiantes, profesores y familias a un rápido y obligado tránsito a la educación virtual, evidenciando lo problemático de este cambio cuando existe una brecha entre la ciudadanía y el acceso a internet, dispositivos tecnológicos y capacitación de docentes en manejo de nuevas tecnologías, produciendo un gran desafío para el modelo educativo desde la virtualidad.

Durante el espacio para preguntas se desarrollaron los conceptos presentados por cada invitada/o, en clave de las iglesias y la necesidad de crear espacios de solidaridad. Para el caso canadiense según Jim, la concreción de estos escenarios es el resultado de la creatividad, es por ello que las iglesias están adaptándose al uso de la tecnología y realizando cultos para sus comunidades a través de Zoom, Facebook y otras plataformas. Igualmente, ellas están llamadas a participar de las luchas por mayor igualdad en los servicios médicos e impulsar soluciones que se guíen por un beneficio común y no por el de multinacionales que producen medicamentos.

Por su parte, Mara planteo que las iglesias en sí mismas, son un espacio de solidaridad porque sin importar que podamos reunirnos o no, ella sigue siendo comunidad. Además, de contar con herramientas que permiten materializar la solidaridad, por ejemplo, el acompañamiento que hacen a sus miembros y que se ha venido adaptando a las nuevas tecnologías para no dejar solas/os a sus comunidades en lo urbano, ni tampoco a quienes viven en zonas alejadas como el Amazonas, región que ha visto un renacer de los programas radiales comunitarios-. Algo muy importante dentro de una sociedad y país dividido, realidad de la que no escapan las iglesias; y donde encontramos grupo fuerte de apoyo al presidente, Jair Bolsonaro, conformado por las iglesias conservadoras que dependen financieramente de las donaciones de sus miembros, por lo cual se empeñan en negar la pandemia abogando por la normalidad, frente a otra porción integrada por las iglesias históricas que respaldan las recomendaciones de la OMS, el cuidado de la población frente al Covid19 y una renta básica para la población vulnerable, pues hoy tenemos que profundizar las sinergias y trabajos conjuntos que sumen esperanzas.

Finalmente, para el caso de Panamá, Rosario plateo que las iglesias deben encaminarse a la construcción de un censo que posibilite brindar de mejor manera la ayuda solidaria a poblaciones mayormente afectada. Agregando que estas junto a las universidades pueden aportar en solidaridad desde la educación, ya que la educación es la mejor manera de crear ciudadanos con nuevos comportamientos y costumbres, no solo frente al Covid, también por el cuidado de la otra persona, no cayendo en la dicotomía de escoger entre a vida y la muerte, o entre la economía y la salud pública.

La UniReformada, Qonakuy y Globethics les invitamos a participar este 22 de Mayo a las 3:00 pm en nuestro III conversatorio internacional: Relaciones Sociales e Internacionales en Tiempos de Pandemia: Perspectivas Interdisciplinarias y Éticas; donde nos acompañaran como ponentes Fabian Rey (Argentina) Psicólogo y Vicerrector General Universidad Centro Educativo Latinoamericano, Eliana Maxin (Estados Unidos) Periodista, Teóloga y ejecutiva del Presbiterio de Seattle, Carlos Rauda (El Salvador) Sociólogo y representante para América Latina y el Caribe de ACT Alinaza, y María Eugenia Barroso (Argentina) Licenciada en Relaciones Internacionales y ejecutiva del Programa de Globethics para Sur América. Para participar inscribirse en el enlace que aparece haciendo CLIC AQUÍ.

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