Por Jorge David, Oviedo. Estudiante de 4to semestre de Licenciatura en Educación Bilingüe ES-EN

Hablar de la comunidad UniReformada es sinónimo de oportunidades y riqueza cultural. Oportunidades para aprender sobre los orígenes y costumbres de diversas zonas de la región, pues no es extraño encontrarse por los pasillos un estudiante afrocolombiano o una bella palenquera; ambos provenientes de comunidades de raza negra, orgullosos de sus turbantes, trenzas, danzas y música. No obstante, en la UniReformada también hay ocasiones para compartir con estudiantes de ascendencia asiática, incluso con grupos de extranjeros de intercambio, algunos ya asentados y trabajando en nuestras oficinas o enseñando en los salones de clase. Es decir, una comunidad educativa que convive gran parte del tiempo con estudiantes de etnias diferentes, pero también con una riqueza espiritual diversa.

Puesto que, así como es común jugar UNO en la UniPlaza con tus colegas, leer un libro en las mesas jardineras ubicadas en los pasillos de la universidad, o almorzar en los balcones del bloque D, también lo es escuchar, sin intención alguna, a jóvenes y adultos compartiendo discursos sobre sus creencias personales, que van desde la cristiana (católica, presbiteriana, evangélica…) hasta creencias como el islam. Lo que nos invita a reflexionar acerca de qué tan diversa puede ser nuestra comunidad estudiantil en lo que respecta al tema de la fe, pero también a plantearnos el siguiente interrogante: ¿Será que ser parte de la UniReformada significa vivir en un intercambio cultural constante?

Gracias a nuestra valiosa ubicación en la tierra de carnaval, de fusiones y colores, ciudad de inmigrantes; Barranquilla, donde una vez alemanes, americanos, españoles, italianos, libaneses entre otras culturas, aportaron al progreso de aquella villa dejándole grandes contribuciones como: la navegación fluvial, el ferrocarril, el teléfono, la aviación, la radio, etc. Y a su vez compartieron gastronomía, música, literatura y educación; y es gracias a esto que, como ciudad agradecida, empezó a exportar artistas, deportistas, científicos, financieros y académicos al resto del mundo.

Hoy en día, seguimos presentando movilizaciones de foráneos en nuestra ciudad. Y no necesariamente hablo de extranjeros, sino de los muchos estudiantes que provienen de diversas zonas de la región o ‘pueblos’ como los llaman, y que vienen a estudiar a Barranquilla en universidades como la Reformada. Me refiero a ese estudiante que hace largos recorridos e incontables esfuerzos para luchar por su sueño de ser maestro, músico, ingeniero, psicólogo, administrador o contador; y que, tal vez sin darse cuenta, trae consigo diferentes aspectos tanto sociolingüísticos como culturales a nuestra alma máter. Lo que nos conlleva a afirmar la hipótesis de que, ser miembro de la UniReformada podría significar un intercambio cultural constante y atractivo tanto para locales como extranjeros.

Es por esto querido lector, que creo fielmente en que hablar de la comunidad UniReformada es sinónimo de oportunidades y riqueza cultural. Porque viven constantemente su experiencia universitaria con diferentes posibilidades de tener, no solo una adquisición de conocimiento académico, sino también de aprehender etnias, creencias, historia, gastronomía, danzas y música, e incluso lenguas si su experiencia se lo permite. Por lo tanto, ser de la familia UniReformada es vivir y sentir cultura, es respirar un ambiente diverso, es vivir una educación intercultural.

Este artículo fue escrito por un miembro de nuestra comunidad y no constituye una comunicación oficial de UniReformada. La corrección de estilo ha sido omitida de manera intencional para respetar la voz del estudiante.

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